Es increíble. Por mas que deseemos algo, por mas que disfrutemos hacerlo, por mas felicidad que traiga a nuestras vidas; el deber nos consume.
Paso la mayor parte de mi vida trabajando, haciendo algo que no disfruto, sintiendo que los días se me van pasando, que cada vez esta mas cerca l
a fecha de mi próximo cumpleaños y aún no he hecho nada, no he dado ningún paso que me acerque a mis sueños, profesionalmente hablando, ya que la vida laboral de una persona que no nació en el seno de una familia millonaria, constituye el 70%; una cifra descomunal. ¿A esto venimos al mundo? ¿De esto se trata la vida? ¡¿En serio?!, la vida familiar se reduce a un triste 25%, que también exige, que también consume. ¿Que queda para mi? ¿Y si quiero leer? ¿Y si me quiero arreglar las uñas?
Puedo parecer muy inconforme pero si vemos, la vida de la mayoría de nosotros se compone de esto, transcurre así, y algunos se quejaran y harán algo para que esa realidad cambie, tendrán éxito, o tal ves no; mientras los demás toman esta realidad como algo que les toco, y simplemente la convierten en costumbre, para lograr sobrellevarla ¿Serán felices?, o este estado es algo tan efímero que solo tenemos derecho a sentirlo en breves momentos, tenemos que aprender a disfrutarlo cuando aparece y aferrarnos a el porque no sabemos cuando volverá.
De algo estoy segura, y es que cuando hago esto simplemente me desconecto del mundo, y aquí todo es perfecto, solamente existen mis ideas, mis pensamientos, mis palabras, sin que nadie objete; y aunque es un corto tiempo, de vez en cuando, es el 5% de tiempo en el que me despojo de obligaciones y responsabilidades y me dedico a hacer lo que me gusta. Seguramente cuando termine seguiré quejándome, ya que solamente siendo inconforme puedo aspirar a cambiar mi situación. Pero a pesar de todo seguiré agradeciendo los momentos pasajeros de plenitud, mis días en familia, con amigos y los retos de mi tedioso trabajo.
